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Summer of Sixteen 

Quizá podáis pensar, por el título de mi post, que hoy hablaré de la canción con la que Bryan Adams se hizo famoso y que ha amenizado varias decenas o quizá cientos de tardes noche de mi vida. Pero no es así. La compañía de mi amigo Fernando bajo la sombra de la sombrilla en el último día del verano me hizo hablar de una sorpresa que me tenía preparada el destino. Hoy hablaré del verano de mi vida, que dudo pueda ser superado en ilusión y sorpresas por cualquiera de los que me queden por vivir. Durante años traté de conseguir ese equilibrio vital que te permite seguir tu camino en ausencia de esa compañía que acostumbra guiar los pasos de la persona y a la que solemos llamar pareja. Aunque reconozco haber ganado todos los premios de la estupidez humana en cuestión de bobadas realizadas por el amor de una mujer, mis intentonas realmente no iban encaminadas hacia el cambio de estado vital. Mis múltiples posts, mis cientos de chorradas casi siempre fracasadas, trataban de buscar sonrisas al tiempo que llenaban ese bote de ilusión personal que mostraban al mundo ese inconformismo con el que nací y que me prohibían tirar la toalla al pensar que en esa extraña balanza que todo lo pesa,  siempre lo que yo podía dar a mi amada era mucho mayor que aquello que se pudiera poner en el plato del debe en mi balanza. 

Pero como ya os dije, esa extraña lotería que nunca dejó boletos premiados en mi cajón, por una vez, dejó el mejor décimo justo cuando comenzaba el junio de este año. Justo cuando comenzaba el verano. El año 16 me dejó esTa mara villosa sensación que había olvidado ya, y que me hace recordar que todas mis bobadas,.todas mis tonterías, todas mis apuestas fueron finalmente premiadas cuando parecía acabarse el plazo para cerrar el circo de mis sueños. Si el comienzo del verano fue genial,  el transcurso del mismo ganó todavía más en adjetivos. Por ello dudo que se puedan juntar los hados de forma unánime otra vez para hacer coincidir en una sola estación del año tanta riqueza de vivencias. Por ello la pongo en el top de las cosas que he vivido. Por desgracia, sé que la vida funciona a rachas. Y sé bien que el refranero español es rico y sabio, y dice que “días de mucho, vísperas de poco”, pero recurriré al mismo refranero para expresar con certeza una realidad que habla de lo vivido con esa frase andaluza que resume con perfecto tino lo que ya nadie me podrá robar… 

Porque podrá acabarse esto, e irse a la porra el mundo, podrá culminarse el verano y que el frío invierno lo congele todo , podrán venir los marcianos y podré despertar de los sueños, pero nadie podrá ya “quitarme lo bailao” en este verano del 16 que recordaré eternamente entre los brazos de la  más bella sorpresa que pudo prepararme el destino. 

La tarta de Cronos 

– Y ahora… ¿De qué escribirás? Esta situación debe haber creado un cortocircuito total en tu cerebro. Eso de no enamorarse tras cada esquina,  tras cada panadería, tras cada parafarmacia va a ser nuevo para ti –

Mi querido amigo, el genial Alberto resumía bien la causa de este cierto silencia epistolar al que no os tengo acostumbrados. Aunque no lo reconozcáis públicamente sé que cada semana esperábais como agua de mayo mis doctas palabras con la sana esperanza de cultivar vuestro intelecto y sanar vuestras enfermas almas de todo mal. No padezcáis aún ni sufráis en exceso,  pues este estado de atontamiento temporal  que estoy sufriendo producido por las flechas que se le escaparon a Cupido no os privarán de mi genio. No temáis ni busquéis aún formas indoloras de suicidio, pues aunque sería razonable y comprensible que tomárais medidas extremas en el caso que yo abandonara esta extraña costumbre ligada a las letras, aún espero que podáis recurrir a este bálsamo para vuestras ánimas durante largo tiempo. 

Hoy, volveré a las reflexiones intrascendentes al amparo de la sombra de una sombrilla que casi ya tenía olvidada. Alguno de mis mejores escritos salieron de similar escena por lo que os voy preparando para un intenso consumo neuronal que os va a dejar sumido en un profundo estado de meditación extrema. Id buscando Ibuprofeno y Nolotil para calmar las heridas que os causará lo que a continuación leeréis. 

Lo cierto es que como dice una gran canción,  la vida te enseña que recibes lo que esperas, cuando dejas de esperar, y así justo se cumplió en mi caso. No sé,  ni tampoco me importa mucho, la cantidad de azúcar que Cronos destinó a la tarta de mi sorpresa, lo que sí sé,  es que justo cuando ya no esperaba sorpresas, justo cuando había tirado la toalla esa de la esperanza con las que se secan las lágrimas del dolor , el destino me había reservado el mejor sitio y la mejor mesa en la cena de la ilusión. Allí, en una mesa se Salamanca, encontré todo lo que un día soñé multiplicado por cien. Allí, entre piedras y catedrales, un ángel me cogía la mano diciendo las cosas que ya no esperaba oír. Allí, entre los humos de la madrugada, aprendí que los sueños,  aunque sea tarde, aunque duren poco, al final se cumplen…

La desdicha 

Los que me habéis leído alguna vez, probablemente hayáis creído que quien esto escribe es la viva encarnación de la desdicha. Desde aquella primera experiencia surrealista en la que un viejo cascarrabias me confundía con el novio de un pibonazo al tiempo que ella lo hacía conmigo poniéndome en una cuna totalmente equívoca, a aquella otra en la que tres bellas jóvenes valencianas recogían mis huesos lastimados del viejo cauce del Turia, pasando por un sin fin de situaciones en las que un klinex puso quizá el broche más brillante de una larga y catastrófica carrera, en las que en casi todas ellas trataba con cierta sorna de contaros las diversas jaimitadas que protagonicé en mi particular película amorosa vital.

En esa pelicula os hablé de tickets, parabrisas, cuentos, princesas, castillos, jerseys hiperhorteras, vicentes revientacabezas,  desapariciones, sueños, enhorabuenas, peluqueros, sombrillas, planetas, mermeladas, restaurantes japoneses, una espectacular góndola que me regaló mi querido amigo Luis y cientos de adjetivos con los que quise endulzar vuestras noches transmitiendo y desvelando una intimidad propia de la que me burlaba, aceptando que la suerte parecía ser ese tren que nunca tenía parada en la estación de mi vida…

No quisiera aburriros hoy con una historia en la que no soy mancillado, ni humillado, ni lacerado,  ni ultrajado, pero no sería justo haceros partícipes sólo de mi desdicha,  pues ya que invertís vuestro preciado tiempo en leer estas cuidadas letras, que aunque bien merecieran un Nobel de las letras o algun otro premio de índole similar , lo cierto es que no os reporta más recompensa en ocasiones que llevar una sonrisa a vuestras bocas, o en otras, tan sólo algo en lo que pensar en vuestras noches más ociosas.

Así pues, quisiera compartir con vosotros de forma rara la dicha, ya que la fortuna puso en mi camino por una vez, el boleto premiado en la lotería, la utópica quiniela soñada en la que pierden Barça y Madrid,  y el día ese del que os hablé que quisiera iterar eternamente, en el que el sueño que tanto anhelé se cumplió por sorpresa.

Hoy sí, pocas personas lo pueden entender, pues el veneno de los prejuicios lo tiñe todo con ese maldito tinte de la incomprensión, pero por unos instantes sí, hoy me sentí como el autor que ve su libro editado en el estante de la librería más lujosa de la ciudad, o el pintor que consiguió acabar su cuadro más brillante y lo expone en la mejor galería del planeta. Hoy sus ojos me miraron con ese brillo especial que no requiere palabras para explicar su expresión. Hoy sus labios pronunciaron, a su manera, esa frase universal que habla de un sentimiento que no se puede explicar.

Hoy no está conmigo, pues ese tinte que os decía, se vertió en mi soledad,

pero grabé su mirada en mi mente,  que nunca  podrá borrar,

aunque me diga que pronto llegará el día, en que la tenga que olvidar,

Yo ya lo se, nunca hay seguros para arriesgar en este juego vital.

Yo gracias a ella lo se…. Nunca hay futuros para soñar cuando ya no te hace falta soñar…

Blika

​No sabía ni cómo empezar a decir esto… Casi siempre encontré las palabras para al menos expresar gran parte de las cosas que siento, o que pasan por mi mente. Pero esta vez algo es distinto, y esta situación es nueva para mí… Siempre, o casi siempre, hablé de una rutina en la que quien os habla, o mejor, escribe, invertía redomados esfuerzos por convertir en realidad ciertas ilusiones que únicamente nacían en lo más profundo de una mente soñadora que nunca logré domar. Ese cerebro inquieto era como un caballo desbocado que no paraba de imaginar escenarios con los que recrear ese teatro absurdo en el que nunca logré debutar. Las escenas siempre eran eso, escenas de un sueño que nunca llegó a tener siquiera retazos de realidad. 

Pero nunca pensé que la vida pudiera devolverme con creces toda esa suerte de sueños con los que gasté gran parte de mi pasión. Nunca pensé que tras la esquina de una puerta labrada con la madera de la ilusión se escondiera la flor más bella que jamás hubiera podido imaginar. Nunca creí que la fortuna, aunque efímera y pasajera, pudiera regalarme por una vez, todo el tesoro que se escondía tras el misterio que nació con las tres vocales de su nombre… Ni en el mejor de los sueños que nunca soñé,  hubiera esperado encontrar el diamante ese que Aladino escondió en mi guitarra. Él me dejo aquél rubí, yo tan sólo le robé la lámpara que usaré para alumbrar cierto camino al que le falta luz…

No hace falta futuro , cuando ya no tienes nada qué esperar,  no hace falta pasado,  cuando tienes demasiado que olvidar. No os digo lo que me queda, aunque os lo podéis imaginar. 

Hoy no os hablo de sueños, hoy no me hace falta soñar, hoy os hablo por vez primera de ella, o quizá ya os hablé, siempre me gustó jugar…

Hoy os hablo de una princesa, y de Blika, su mascota leal,

Hoy sólo se que mi sueño,

Está escrito con las mismas vocales,

Con las que se escribió el verbo amar…

Postdata: Westly,  mañana te mataré. Pero al menos esta noche puedes seguir soñando…

Peaks

Hace tanto tiempo que no os contaba cosas, que para poneros al día quizá necesitaría una enciclopedia. No quisiera usurpar vuestra calma y tranquilidad estival, pero ese martillo inexorable que todo lo pisa al que llamamos tiempo va golpeando nuestras vidas, y hoy, además de añadir una cifra más a esos números personales que ya no mola sumar (23 años ya… en cada una de mis piernas más largas), me da un título que significa para mí mucho más que una línea en el curriculum. Nunca he sido especialmente amigo de los títulos ni etiquetas  pues siempre pensé que la vida es el mejor maestro y la experiencia el mejor aval con el que guiar tu destino. Pero el consejo de mi querido amigo Óscar, así como la confianza de saber que Aris  (uno de mis primeros maestros en la vida) estaba detrás de aquel proyecto, me empujaron a aventurarme a tomar la decisión de renunciar por un año a esos momentos de la semana en los que me refugiaba durante los últimos años para renovar las ideas y las cosas con las que vivir y sobre todo, de las que escribir. Sí,  renuncié durante un año al sitio de mi recreo del que ya os hablé alguna vez, para meterme en una clase junto a 17 bichos raros, que como yo, habían renunciado a sus 17 sitios de sus recreos para meterse a aprender cosas variadas acerca de esa empresa que a todos nos compete, la empresa de nuestras vidas. Esa empresa cuyo balance es tan difícil de cuadrar sin la ayuda de una guitarra…
No es fácil transmitir los vínculos que se crean cuando compartes una ilusión en la que la apuesta exige sacrificios. Los que habéis hecho el Camino sabéis de lo que hablo. Compartir durante casi un año ciertos padecimientos, esperas, trabajos, casos, proyectos, conferencias, madrugadas, risas, ejercicios  y un largo etcétera de actividades diversas te une a compañeros de viaje con los que se crea una relación en la que la palabra amistad no queda muy lejos. Ahora que ya se acabó, tengo ese extraño vacío que siente el espadachín tras vengar la muerte de su padre ante el malvado de los 6 dedos, o esa rara sensación que tiene el director tras estrenar la película que tardó varios años en rodar.
No sé si ahora soy mejor que cuando entré. Al menos sé que conseguí recitar mi poesía después de pensar durante más de treinta años que nunca lo podría hacer…
No sé si ahora soy mejor que cuando entré, pero sé que en mi teléfono hay al menos 17 nuevos números que de seguro felicitaré cada Navidad y que guardaré en ese selecto grupo de las personas que te llevan una sonrisa a la cara cada vez que te llaman.
No sé si ahora soy mejor que cuando entré, pero ese pequeño mundo de talento en el que viví algo menos de un año, ese pequeño mundo de compañeros brillantes con los que colaboré, te hace subir los listones de tu propia exigencia ayudándote a conocer los rincones ocultos de la excelencia.
Como os digo, no sé si soy mejor, lo que sí sé, es que volvería a repetirlo diecisiete veces más, una por cada caramelo que me dejé olvidado en el rincón más preciado de los recuerdos. Una por cada uno de los compañeros que me hicieron vivir quizá la experiencia académica más enriquecedora que he vivido.
Un abrazo a todos, y lo digo con un lápiz entre mis dientes, recordando uno tan sólo de esos momentos dorados que quien esto escribe guardará siempre…
Gracias Aris.
Gracias Óscar.

El amanecer 

​Para entender esto, quizá debéis ver la foto con la que el destino me  despertó el pasado sábado, cuando me quedé dormido intentando transmitir cierto extraño sentimiento que no estaba sabiendo describir.

 Verla con detalle durante unos segundos…  Y luego seguir leyendo. 

Ese mismo destino me sorprendió con una imagen que aportaba a mi incipiente mañana una cierta belleza particular.  Y es que estaba diciendo ….

Que hoy vuelvo a escribir.  Hoy vuelvo a la soledad de una terraza en la playa que tantas veces me ha servido de inspiración para contar las cosas que se me ocurren,  para contar las cosas que me pasan. Aunque el sueño me atenace, las causas de mi cansancio son bienvenidas de nuevo a mi vida. Esa vida que te trae y te quita los mismos sueños. Esa misma vida que me puso en la boca el más dulce caramelo, para retirármelo justo antes siquiera de llegarlo minimamente a degustar. Esa vida que me pone muy cerca la boca más bella pero que no debo besar… Sí, el sueño me puede y quizá me duerma, pero otro sueño parece estar tan cerca que probablemente no pueda abandonar la sonrisa que durante un tiempo limitado por contrato acompaña mis días. Por una vez no me importa que existan las fechas de caducidad. Hasta como dice ella coincido en que son buenas. Estaba prohibido decir la palabra amor, pero no hacía falta decirla. Supongo que llega un momento en el que sabes que aspirar a la palabra prohibida es como esa quimera que nunca llega o esa anhelada batería que no se gasta. Sabes simplemente que quizá esa palabra no está hecha para tí… Pero despedirse del amor,  nunca fue tan dulce como lo es hoy… Ya que aprender a decir adiós te enseña que a veces el sucedáneo de eso que llaman amor, es incluso más bello que el verdadero … 

No puedo decir te quiero…. También está prohibido por contrato. Lo máximo que respeta el pacto son sucedáneos como el cariño,  aprecio, estima o afecto.

Y cambiando la frase mientras mi brazo abrazaba su espalda,  comprendi que me da igual la palabra. No hay semántica que defina lo que siento, porque una sonrisa se grabó en mi boca mientras me quedé dormido. El amanecer me trajo un regalo muy bello,  pero se dejó olvidado en lo más profundo de mi alma la única sonrisa que quise de verdad. Se dejó olvidado entre las cuerdas de una guitarra el baúl de la felicidad, aunque tenga estampado a fuego esa fecha en la que todo se desvanezca, aunque tenga marcado a fuego acordes que suenan sin afinar… 

Sí, querido Alberto. He tardado más de lo habitual en mí en escribir esta síntesis de las cosas que me pasan. En esta ocasión no es fácil encontrar las palabras que puedan describir ni lo que siento, ni lo que he vivido. Como hace poco os conté, todo nació con una propuesta extraña, nacida de una casual coincidencia geográfica insular. La cercanía entre Ibiza y Formentera propiciaba que unos incipientes amigos se juntaran para conocerse mejor, compartir vivencias, y quizá algo más… (aunque sólo fuera en el fondo de mi sufrida imaginación).
Pasar unos días junto a alguien que apenas conoces, por muy bonita que sea, era un reto que sinceramente pensaba que difícilmente saliera bien. Máxime cuando los mundos  que nos rodeaban pudieran ser tan distintos y ciertas evidencias relacionadas con el paso del tiempo fueran algo más que llamativas… Pero ciertos riesgos, es algo que hace algún tiempo aprendí a aceptar. Apostar fuerte en complicadas ruletas es desde hace un tiempo el juego en el que el destino me ha obligado a jugar. En este caso sólo estaba prohibido decir la palabra amor…
El juego tenía esa única señal roja que no se debía atravesar. Nunca supe jugar a ese juego, aunque tuviera que aprenderlo a la fuerza…
El asunto es que los pequeños instantes, los pequeños detalles, marcan de alguna manera magistral los recuerdos con los que vas poblando tu memoria. Y en ella, en mi memoria, hay tantas cosas que recordaré de estos días,  que,  querido Alberto,  no sabía por donde empezar para comenzar mi escrito …
Desde un pequeño coche de ensueño que estrenamos en alquiler, a un encanto de hotel de inmejorable trato, pasando por las visitas a unos faros en los que descubrí quizá la sonrisa más perfecta que dudo pueda olvidar algún día. Desayunos con caras de sueño, y playas de estampa idílica en los que buscar una simple botella de agua fresquita daban la excusa perfecta para echar unas risas…
Pero estaba prohibido decir la palabra amor…
Las cuerdas de una guitarra rasgaban la noche casi ya veraniega de la isla más pitiusa, mientras un arpegio sonaba por vez primera en los dedos de una sirena…
Pero estaba prohibido decir la palabra amor…
Dos voces desgañitaban como pequeños locos las canciones de toda una vida, y no encontraban el coche que les debía llevar a su casa.  No terminaban los exóticos platos, ni siquiera en el sitio Azul del que todos hablan,  pero estaba prohibido decir la palabra amor…
Mi pulsera quería una hermana con la que compartir las penas,  y un encanto por nombre Fanta, ( sí, como la bebida) nos presentó a sus posibles amigas… Y en la cala de los sueños decidió mi compañera quien decorará mi brazo los próximos años,… Pero estaba prohibido decir la palabra amor.
No supe por mucho tiempo,  porque estaba tan prohibido. Y sólo cuando lo supe conseguí recobrarme a mí mismo. Fue otra más de las noches que guardaré en esa jaula de los instantes perdidos. Esa  celda de los momentos brillantes con los que vivimos. Sí,  estaba prohibido decir la palabra amor, pero aún sin decirla,  sin ni siquiera nombrarla,  conseguí atrapar en cuatro días gracias a ella, la esencia de otra palabra quizá no tan bonita,  quizá no tan completa,  pero inmensa de contenido para alguien que había olvidado que pudiera existir ese estado…
Estaba prohibido decir la palabra amor… Pero a atrapé al menos por cuatro días la esencia de la palabra ‘Felicidad’.

A Tamara

– Señor , ¿podría hacerme un favor? – 
Una preciosa niña de unos 7 u 8 años me miraba con una carita de desconsuelo que dejaba ver que algo importante quería decirme.
– ¿Qué te pasa? – Le dije
– Me gustaría darle una sorpresa a mi mamá. Está enfermita. Me gustaría que cantaran su canción favorita.

Ella no sabía que yo sólo estaba ayudando en la organización del festival de fin de año. La amistad, y cierta atracción innata a meterme en cien mil fregados era mi única vinculación con el evento,  pero su frase, o mejor dicho, su petición, lo había cambiado todo en un momento.

-Cuenta con ello,  le dije – Y en dos tardes ensayé con los chicos la canción que debía sorprender a la madre de aquella niña a la que pregunté el nombre. (Paula se llamaba,  como mi sobrinita).

Sé que no podré nunca transmitir con palabras lo que vivimos el jueves pasado,  cuando Ana (aquella madre enfermita)  escuchó lo que su hija le había preparado.  No tengo testimonio pues tuvo que ser precipitado por razones de causa mayor…

Con los años pensé que cada vez habría menos cosas que conseguirían hacer vibrar las membranas internas de mi organismo y de mi alma, pero aún las hay desde luego. No recuerdo haber temblado tanto en mi vida como cuando Quique (cantante quinceañero que accedió a cantar la complicada canción de forma genial) dijo el primer You…

Os dejo el enlace a la original al menos…

https://youtu.be/2VPBDq944yE

Un abrazo muy grande, sobre todo a Paulita y Ana (pronto estarás de vuelta),  a Train por el tema, y a los aprendices de músico con los que conviví quizá uno de los momentos más intensos de mi vida…

Desapareciendo

-Yo desapareceré. Tarde o temprano lo haré.-  Era muy evidente lo que quería decir. Elegancia y franqueza no eran incompatibles. Yo ya lo sabía, desaparecer…. es el eterno sino al que creo  que fui condenado. No será nuevo en mi vida. Sólo espero que esta vez sea cuando más tarde mejor… Creo que quería protegerme, y la entendí. Era bueno avisar sobre la inminente caducidad de una extraña relación , para evitar malos tragos y entendidos. Lo que aprendí, sin embargo, hace algún tiempo, es a moderar la ilusión y a vigilar los sueños para que estos terminen justo cuando acabe el día…Llegar más lejos, en el horizonte de mis anhelos , fue siempre demasiado arriesgado para mí. Ella no lo puede entender, porque aunque no sabe quien es, es clavada a Badercap. Por una vez no hablo con metáfora al respecto. Es preciosa como ella… Y todas mis Badercap desaparecen tarde o temprano sin decir nunca la frase prometida.Tampoco sabe quien es Roberts, por eso no sabe que cada noche renuevo mis fantasías en el camarote del barco de mis sueños, para decirle al nuevo pirata que quizá mañana no despierte. No ha visto la película,  no conoce mi cuento. No sabe quien soy realmente por lo que padece por mi. No quiere hacerme daño. Ha visto demasiadas veces sufrir… Y no sabe que no es que no pueda yo hacerlo, sólo es que de tanto haberlo hecho, aprendí a modular el duelo , con el que acaban todos los grandes sueños.

Uno ya lo cumplí, ella misma lo sabe, cuando descubrió a mi lado, cierta pasión envuelta entre los platos de un cocinero italiano.

No sé cuándo llegará ese olvido, no sé cuándo habrá desaparecido. Sólo sé que vivir lo que ya he vivido, me basta para saber que mis sueños… siguen estando vivos…

Protegidos entre los versos, de éste y otros muchos escritos…

La propuesta

– Tengo algo que proponerte … –

Dijo ella con una espera enigmática.

La ilusión comienza con sorpresas difíciles de prever. Ni en el mejor de mis sueños hubiera imaginado una escena así. Nunca creí en loterías ni confío en el azar. Hace tiempo que los sueños ya no llegan muy lejos en el horizonte de mis días. Ya no espero sorpresas. Pensé que había dejado gran parte de ese corazón que inventaba historias , en lo alto de una inmensa piedra en la lejana tierra noruega, pero ayer recuperé algo de él.

Una simple propuesta recobró en mi alma la esencia de la palabra fantasía con la que viví tanto tiempo.

Ayer recuperé esa guitarra que tantas veces toqué, pero no para practicar las canciones de otros, no. Ayer la terraza olvidada de mis esperanzas recobró la vieja guitarra Charvel para escribir de nuevo el libro de mi vida con nuevos temas. Para escribirlo de nuevo con una bella canción, que habla de una isla bendita, una flor que lloró y un guitarrista furtivo que nunca vivió su sueño,  y que sólo escribe sobre su flor.

Una flor que pudo marchitarse un día, cuando le robaron la ilusión, escondida entre mentiras, y un olvido perdido que nunca le dio calor.

Diez segundos tardé en aceptar su oferta. Los que tardó mi mente en llegar a aquella lejana piedra, en la que dejé olvidada, no sólo gran parte del corazón, sino la flor con la que se tejen los sueños , esa flor cuyos pétalos traman ahora, cada capítulo de mi ilusión…

Drive All Night

Pecke! Tienes los ojos vidriosos!- Me dijo ella.

No se lo quise reconocer, pero no podía disimularlo. Aunque me voy haciendo malote, como a ellas les gusta, no puedo olvidar lo que he sido de la noche a la mañana. No es fácil abandonar a Mermelada Man tras esconderme bajo su capa más de cuarenta años.

El caso es que, sobre todo, ese tema que oí por vez primera a los diez años me ha perseguido durante los treinta y cinco posteriores poniendo siempre todo mi cuerpo en ese estado perpetuo de escalofrío tornando la piel con la textura de la gallina.

Pero esta vez no era un disco lo que sonaba, ni tampoco me había sumergido en esa extraña e íntima discoteca en la que se convierte mi coche cuando acudo a por mi enano. Esta vez estaba muy cerca del genio que la creó. Además, sí, esta vez mis ojos sí acompañaban a otras partes de mi cuerpo en esa especial fiesta de sentimiento en la que se había convertido uno de esos instantes únicos con los que la vida te sorprende.

No esperaba oír el que ha sido probablemente uno de los grandes temas o canciones de mi vida, pues no es habitual en su repertorio. La casualidad, los astros, o quizá el destino participaron en hacerme vibrar durante algo más de diez minutos de una forma como la que no recuerdo haberlo hecho en la vida.

Quizá mis brazos no tenían forma de transmitir la vibración que se creaba en mi mente y me la tuve que quedar entera para mí, sin posibilidad de derivarla a otro organismo vivo. Quizá yo no sea capaz de expresar con palabras lo que ocurrió a partir del minuto cinco de esta canción. Quizá mi percepción estuviera ofuscada por el recuerdo. Quizá cierto duelo acompañara mi ánimo impulsando a la lágrima a esforzarse a salir, o quizá simplemente entienda a la perfección cada una de las palabras que parecía gemir el Boss. Quizá yo sepa exactamente lo que dice la canción. Quizá conozca demasiado bien lo que no dice. 

Pero también es posible que yo no sea tan raro. También es posible que alguno de los que esto leéis tenga algo más de sensibilidad que un lagarto y también sea capaz de sentir algo parecido a lo que yo sentí, mientras la película de los sueños olvidados se pasea por el teatro de vuestra mente. Quizá necesitéis diez minutos de cierta intimidad para entender lo que digo. Quizá necesitéis un cierto volumen, y quizá también cierta concentración, pero si lo hacéis, si podéis dedicar esos diez minutos, si por una vez confiáis en mi criterio, tengo la intuición que no saldréis indiferentes al visionado.

Por eso, ante la posibilidad altamente probable que no seáis lagartos con forma humana, más abajo os enlazo el vídeo del tema que os he hablado. 

https://youtu.be/r8qpTL1wxGQ

Simplemente espero que os guste….

Y buenas noches…

La enhorabuena

Por fin parece haberlo conseguido. Su terquedad tuvo el premio que anhelaba y su vida ya tiene el módulo que le faltaba.Le dije que no podía alegrarme porque era verdad. Saber que nunca pude tener la oportunidad de intentarlo era una cosa, pero saber que ya no la tendré era otra más dura de llevar. En el día de las ilusiones encontradas escucharé la canción que  tantas veces el Boss puso en mi vida. Pero hoy tendrá todo el sentido pues cada frase se aplica como si fuera un guante delicadamente fabricado para la mano del actor. Un actor que nunca fue ciego, pero al que le gustaría serlo, para no tener que ver aquello que le causaba dolor. Pero una vez pasó la amargura del aguijón clavado que atenaza el intelecto, una vez el ungüento hizo su efecto, recuperemos eso que marca la diferencia entre el caballero y el crío. Entre el señor y el niño. Recuperemos la elegancia con la que se dicen las cosas que salen del corazón. Querer a alguien es mucho más que querer que esté contigo… Querer a alguien supongo que es demostrarle que sabes decir las cosas que espera oír. Así pues, y por mucho tiempo…

Enhorabuena!

Gracias Santi

La vida te pone en el camino a compañeros de viaje  que además de hacerte compartir las sendas del destino, te permiten hacer crecer como persona. Hoy os hablaré de mis compañeros de Máster, y en especial, de la brillante lección que uno de ellos nos dio ayer. No citaré nombres, pues sé que hay gente que valora su intimidad como un tesoro. Quizá yo debiera aprender a guardarla un poco, pero dado que mi honor ya no tiene posible rescate, seguiré mancillándolo como de costumbre…

Veréis, los cuatro o cinco seres humanos que quedamos en el mundo que pensamos que éste se puede cambiar, necesitamos con frecuencia ejemplos en los que justificar nuestro argumento. Completar nuestro vacío de ignorancia con materias habituales puede ser más o menos difícil con el profesor y medios adecuados, pero de las cosas que cultivan la esencia de nuestro pensamiento íntimo, es realmente complicado  encontrar maestros.

Fundamentalmente, la razón que dificulta encontrar esos maestros , radica en que la experiencia vital, la que curte las células del intelecto, se vende en tarros muy pequeños ocultos en mercados muy alejados del centro comercial donde compras todo lo demás. A veces confundimos madurez, veteranía o pericia, con ese otro más elevado concepto. 

Pero la lección de la que os hablo, resumía en unos cortos y acelerados veinte minutos, toda una forma de entender la vida. Nuestro querido maestro improvisado, razonaba de una forma magistral las excentricidades de un genio de esos pocos que hacen avanzar el mundo. No me interesa hoy tanto contaros sus enseñanzas, sino la esencia de un mensaje que hablaba de cambiar las reglas de un mundo en el que sólo se habla de cuentas de resultados, números e inversión.

Como os decía, transmitir conocimiento de las materias habituales requiere pericia, habilidad o destreza, pero contar lo que Santi transmitió ayer, completa una parte de nosotros mucho más preciada al menos para mí. Ese bote tan difícil de encontrar en este mercado vital por el que andamos. Ese bote al que solemos llamar Sabiduría.

Por todo ello, y sobre todo, por compartirlo con nosotros, ¡gracias Santi!

Pensé que se había agotado. Ese depósito vital del cual nacen todas mis historias creí que ya no tenía más combustible… Pero un simple abrazo llenó casi por completo el cofre de la ilusión. No hacía falta palabras, no eran necesarias cuando el aprecio iluminó la estancia en la que estaba. Un secreto escondido en tres vocales marcaba la diferencia entre la esencia de una prisión y el comienzo de una amistad. Ninguna combinación que traje era correcta. Necesité la consonante para soñar. Necesité su pista para avanzar… Y fue cuando su abrazo me dijo que algo ya no era igual.
Mis sueños nacen con un simple abrazo, ya sabéis que no pido ya mucho más.Mis sueños ya tienen dueño, tres vocales y las otras letras del verbo amar… Sólo faltaba la Tenue brisa, que nunca corre, cuando no hay mar.
Quizá no haya charla sin Cronos.
Quizá no haya frase sin mar.
Quizá su palabra, me diga un día a escondidas
Que nunca dejaré de soñar…

Los halls

– Por favor,  ¿me da un paquete de halls de miel y limón? –
Cada mañana de sábado que voy este año a clase, suelo pasar por mi parafarmacia favorita, exclusivamente para verla a ella y reponer mis caramelos para la garganta. Ya sabéis que las grandes estrellas del rock debemos cuidar nuestro cuerpo, especialmente en lo que hace referencia a los útiles de la voz y las extremidades varias… (con ello no debemos jugar…)
La primera vez que la ví, no pude evitar decírselo. Mientras ella me decía que había una oferta, en la que por la exigua cantidad de tan sólo 1,20 euros, se me proporcionaba dos de esos paquetillos de halls demandados, me fijé en el asombroso parecido que ella tenía con la mujer que me ha llevado loco durante los últimos años,  y como os decía, no pude contener ese instinto absolutamente irrefrenable que me impide tener la boca cerrada,  y así le dije con cierto descaro :
– Disculpa,  pero eres clavadita a una íntima amiga mía – y dejé transcurrir un correcto silencio de algo más de seis segundos, algo forzado,  aunque noté en su mirada que  había despertado cierta curiosidad en ella ,  y añadí :
– Que por cierto, es preciosa –
Entonces sí,  sí que sonrió,  y comprobé, con cierta alegría, que efectivamente ella también tenía ese don innato que transmiten las personas encantadoras, al igual que lo hacía mi amiga buenorra.
Supongo que largos años de estudio universitario y farmacéutico, y también  quizá la aplicación de la maravillosa propiedad transitiva… ,  le habían hecho deducir hábilmente que si mi amiga era preciosa, y previamente yo le había confesado su extraordinario parecido con ella,  no hacía falta ser una Einstein para deducir el auténtico significado oculto de mis palabras.
Su respuesta fue delicada y elegante, con una sonrisa que me pareció sincera, en forma de sutil agradecimiento y ligera sorpresa, que transmitía una cierta recuperación de autoestima olvidada, aunque eso fuera quizá fruto de ésta mi mente un tanto desquiciada. No me lo tengáis muy en cuenta, pero su sonrisa, resultaba especialmente sincera…
Desde aquella mañana, todos los sábados, a eso de las ocho, me levanto con cierto carraspeo en la garganta, que me obliga a pasar por esa parafarmacia de mis absurdos sueños, y que se halla cerca del centro de negocios en el que curso mi máster (máster de Peaks, ‘- > Aris, quiero comisión por la publicidad’…😉 para comprar esos paquetes de halls sanadores sin los que creo que nunca podré ya vivir, al menos mientras mi nueva musa los venda… Extrañamente sólo me curan los caramelos de aquel lugar, otros no me sirven…;)
Cada mañana de sábado le pido mi ración periódica de halls de miel y limón,  y cada semana ella me los sirve con una callada sonrisa que dudo pueda olvidar en los próximos 125 años (las estrellas del rock también duramos un montón).
Aún no conozco su nombre,  y cosa realmente rara en mí, aún no le he hablado de mi blog,  así que, como el tren de mi pequeño retoño se retrasaba, (y ya van quince minutos) decidí ponerme a escribir de otra de mis tremendas bobadas quitatiempos que os obligo periódicamente a leer (so pena de muerte atroz y dolorosa). Así que la próxima vez que acuda a mi parafarmacia, quizá le hable de alguien que le gusta escribir de las cosas que le pasan, buscando sonrisas olvidadas que puedan nacer de ocultos piropos, o de cuidadas palabras que nacen bajo la espera de una estación en la que nunca llega mi tren…

Que pases un buen día! (quien quiera que estés leyendo estas líneas)