La mente del hijoputa

Suelo cuidar el verbo y no me gusta el insulto gratuito. Pero hoy es un poco distinto. Una rara razón me hace volver a escribir. No sé qué extraña perversión de la mente puede hacer sugerente o atractivo para cinco tipos jóvenes, alguno de ellos incluso guapete, abusar de una niña. Algo está desde luego averiado no sólo en sus cabezas de hijos de puta, sino también en una sociedad que normaliza conductas irracionales. Quizá como a mí me dijeron tantas veces que no, la costumbre me haya hecho olvidar el pequeño dolor que causa que te lo digan. Pero aún cuando ese daño es más grande, lo que entiendo que hace una mente sana en el mejor de los casos, es renunciar con estoicismo al sueño malogrado y adiós muy buenas, o en el peor de los casos, buscar una nueva e inútil forma de que ella te diga sí currándote alguna forma de sorprenderla. No sé, lo normal, supongo …
Quizá me he hecho mayor y es que ya no lo entiendo, o quizá las palabras bien y mal son vestigios del pasado. Quizá las drogas o el alcohol todo lo expliquen. O quizás a alguien se le haya olvidado que unas copas de más no pueden justificar cualquier aberración.
Pero lo que ya me asusta y sorprende todavía más, es que sesudos y versados jueces siempre interpreten las normas de una forma tan aleatoria que se deja al azar de la misma interpretación, la aplicación y la esencia misma de la palabra justicia. Algo falla cuando en función de quien aplique la norma, uno, cinco, o cincuenta hijoputas pueden quedar libres e indemnes ante un evidente daño grave realizado, llámese o no violación. Al menos tendremos un tiempo, no sé si de nueve o más años, para fijar las caras de estos 5 hijoputas en nuestras retinas, para enseñarles el estricto significado de la palabra NO. Este tiempo también servirá para que ellos aprendan a corregir lo que diferencia al hombre del monovo y también espero que sirva para que otra manada de hijos de la gran puta se lo piense bien antes de ejecutar sus perversiones, aunque sinceramente, dudo mucho que no se vuelva a repetir…
El actual sistema penal hace que una aplicación más humanamente lógica de la pena hubiera causado la extraña paradoja que incluso les hubiera salido mejor matar y violar, que sólo violar. Matar les hubiera permitido quizá incluso no ser denunciados, si además de hijoputas, hubieran sabido un poquito de leyes. Es no sólo paradójico, sino indignante.
Sin duda algo se debe corregir para conseguir un poco de coherencia.
Quizá yo sea muy carca y no pueda ni quiera entender esa nueva forma de cortejo que no acepta un simple no como respuesta. Quizá prefiera que se pudra en la cárcel aquél que se salte ciertas elementales normas de conducta humana.
Quizá simplemente no quiera entender nunca la mente del hijoputa…
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